Los hemos convertido en parte de nuestro día a día, convencidos  de que nos ayudan a cuidarnos. Pero puede que, sin ser conscientes de ello, esas costumbres que en apariencia son menos inocuas estén haciéndole un flaco favor  a nuestra salud.

LA DUCHA DIARIA

La ducha matutina no sólo se ha convertido en una costumbre para la inmensa mayoría, sino que a menudo a ella le sumamos otra después del gimnasio u otra más que nos relaje antes de irnos a la cama. Sin embargo, según advierten cada vez más expertos, este excesivo celo por la higiene podría tener consecuencias negativas sobre la salud.                   La piel está cubierta de un manto lipídico que la protege de forma natural para que pueda actuar como barrera frente a los elementos y microorganismos nocivos del exterior. Ducharse y lavarse de forma repetida a lo largo del día o usar jabones que alteren el pH de la piel hacen que este manto pierda propiedades favoreciendo la aparición de dermatitis atópica, alergias, infecciones, etc                                                     A lo que se le añade, a demás, el hecho de que la mayoría de productos de higiene personal contienen parabenos y otros disruptores endocrinos que están directamente relacionados con ciertos tipos de cáncer.

NUESTRO CONSEJO: No te duches más de una vez al día, y si lo haces, sólo utiliza jabón una de las veces. Dúchate con agua tibia y elige jabones naturales que ayuden a mantener la hidratación de la piel o, al menos, que no contengan parabenos y sí un pH cercano al de la piel (5.5). Mejor si son bío.

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IR CON LA BOTELLA DE AGUA A TODAS PARTES:

No hay duda de que es muy importante mantener una buena hidratación, sobre todo en los meses de verano. Pero la creencia popular de que hay que tomar unos dos litros de agua al día para lograrlo es matizada por muchos expertos que afirman que para hidratarse correctamente no hace falta recurrir únicamente al agua. De hecho, sostienen que, en condiciones normales y en la inmensa mayoría de los casos, ingerimos suficiente líquido al día a través de los zumos, leche, infusiones y bebidas con cafeína que solemos tomar, así como de las frutas y alimentos que comemos. Por lo que no es necesario ir con a botella de agua a todas partes. Además está el problema de que muchas botellas de plástico contienen bisfenol A, una sustancia que puede contaminar el agua y ser peligrosa para la salud, ya que se ha relacionado con el mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos cánceres como el de mama.

NUESTRO CONSEJO: No reutilices las botellas de plástico y, a poder ser, sustitúyelas por otras de acero inoxidable sin revestimiento interior plástico ni resina epoxi que si puedes volver a rellenar. Eso sí, lávalas con agua caliente y jabón cada vez que vayas a rellenarlas, ya que de lo contrario acabarían llenándose de bacterias.

LIMPIARSE LOS OIDOS CON BASTONCILLOS:

Aunque la inmensa mayoría los utilice, los bastoncillos constituyen un peligro para nuestros oídos porque pueden favorecer la formación de tapones, ser los responsables de infecciones e, incluso, provocar una lesión en el tímpano. Los bastoncillos solo sirven para limpiar los pliegues externos de las orejas. Si se intenta limpiar la parte interna, sólo se consigue introducir y presionar la cera hacia dentro y, de paso, meter también suciedad.

NUESTRO CONSEJO: Hay que tener en cuenta que es necesario mantener un mínimo de cera, ya que nos protege de las agresiones externas e infecciones. Y como, cuando hay un exceso, tiende a salir al exterior, para limpiar los oídos lo mejor es hacerlo después de la ducha (cuando la cera está reblandecida) para, con la esquina de la toalla, retirar suavemente el exceso. Otra opción es recurrir a los difusores de agua marina y extractos de plantas que permitan limpiar, de forma no invasiva, la parte más interna del oído externo, ya que ablandan los tapones y el mismo organismo elimina la cera expulsándola al exterior.

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LAVARSE LOS DIENTES INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE COMER:

En lugar de alejar las caries como crees, puedes favorecerlas. A través de la comida entran en nuestra boca muchísimas sustancias ácidas que son dañinas para dientes y encías, ya que el ácido desmineraliza y debilita la superficie del diente, lo que los hace más propensos a las caries. Si nos cepillamos los dientes inmediatamente después de comer, lo que hacemos en realidad es extender el ácido por toda la boca y frotarlo contra los dientes, haciendo que su efecto sea más intenso y duradero.

NUESTRO CONSEJO: Lo mejor es esperar una media hora entre la comida y el momento de cepillarse los dientes. En ese momento la saliva actúa disminuyendo el nivel de acidez de la boca sin frotar las sustancias ácidas contra los dientes. También es recomendable masticar chicle sin azucar, ya que además de que ayuda a que produzcamos saliva (el mejor mecanismo natural para reducir los niveles de ácido en los dientes), contiene xilitol, un sustituto de la sacarosa que previene la  aparición de caries.

 

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